
El principito en el planetario, rezaba la publicidad. La historia mágica que todos conocemos contada a la luz de las estrellas. Qué interesante, una propuesta original. Acompañanta mediante (como diría nuestra señora presidenta), nos dirigimos hacia allí, tomamos unos mates, ingresamos a la sala, nos pusimos cómodos.
Y comienza la función. Aparece un actor, el piloto, muy bien actuado. Luego a su momento aparece El Principito mismo, un hombre al que se le distinguía, si prestabas atención, la sombra de la afeitada. Bueno está bien, muy graciosa su acentuación al hablar, El Principito podría hablar así.

Pero la obra avanza, y de golpe una proyección te muestra a la rosa. Y resulta que le pusieron una cara de mujer, que habla. Bueno está bien, bien actuada de cualquier modo. Pero el punto de quiebre, llega aquí, creanme. Cuando la rosa, la rosa del principito...empieza a cantar. Canción de tono burlón de fondo, imagínense esas canciones que inventan los programas para chicos chiquitos, muy chiquitos, al estilo de Panam o Piñón Fijo. Bueno… dónde estoy…?
De a poco el principito va volviéndose más caprichoso... mirá vos, no lo recordaba así...
Empieza a recorrer los planetas, caracterizados muy particularmente. Y luego de pasar por los primeros, llega al habitado por un borracho. No... no de nuevo...
Y el principito empieza a cantar. No puedo asegurar cómo era la canción. Pero estoy bastante seguro que decía algo bastante parecido a que sí, a que el alcohol es malo. Lo que iba de la obra, era el mensaje más claro que dejaba. Qué me vienen con que lo esencial es invisible a los ojos?? El alcohol es malo! Y punto!

No oigo nada soy de palo tengo orejas de pescado! decía, el espectador, ya encontrándose algo desorientado.
No quiero ni recordar a las rosas que el principito encuentra cuando llega a la Tierra. Un actor, vestido como flores (méritos al disfraz) pero le pifiaron... resulta que las flores querían seducir... bueno, sexualmente al principito... luego de juguetear, las flores (que en esta 'adaptación' tienen pies) se van corriendo, y el principito las corre para alcanzarlas, "las voy a atrapar" dice, o algo así, igual de triste.
No no, y basta, no quiero contar esta parte, por favor...

Bueno... resulta que el zorro, recuerdan al zorro? pequeño, juguetón, salvaje. Y aparece, también en forma de actor disfrazado. Era gordo, tenías pies y manos. No sólo eso, sino que tenía zapatos, pantalón, camisa y tirantes. De hecho jugaba con sus tirantes mientras hablaba. El disfraz tenía un mérito, pero en su lugar prefiero hablar de cuando, bailando una nueva canción, el zorro 'meneaba' la cola, para deleite de los niños, que interactuaban con los personajes aún cuando la situación no lo requería (como quiero a los chicos).
En general, cuando uno asiste a una mala obra, se va enojado, triste, aburrido. Pero en este caso, la obra era tan, pero tan mala, que ya pasaba a otra categoría. Ya pasaba a ser un espectáculo bizarro.

Recuerdan en Los Simpsons, cuando hacen el musical de "El planeta de los simios"? Bueno, algo así. Entonces, si la calificábamos en esta categoría… de hecho pasaba a ser un gran show. Así, curiosamente, salimos riendo, habiendo pasado hasta momentos de carcajadas allí adentro.
Entro al baño, salgo. Y mientras nos disponemos a salir, nos cruzamos a este hombre, cantándole a su hijo la melodía que evidentemente se le había pegado durante la función: "Do-mes-tí-came ♫", cantaba.
Quizá, como decía ella, simplemente El Principito no sea una obra adaptable para chicos.-